El hombre Hayes (¡oh, cómo sufre!) pasea por su estudio con poca luz, royendo la amarga corteza de la desesperación financiera como un hombre hambriento que come pan duro. “¡Los tontos!” murmura al vacío, agarrando su último ensayo, esta ‘Frowny Cloud’, como si los cielos mismos lloraran por el estado de liquidez del dólar. Habla de 2025 no como un año, sino como un purgatorio donde Bitcoin, ese miserable mártir, languideció mientras el oro y las acciones tecnológicas bailaban sobre su tumba. Y sin embargo, ¡y sin embargo!, ve la salvación en la impía trinidad: MSTR, Metaplanet y… ¿Zcash? (Dios nos ayude a todos.)
¡Ah, pero escucha! El hombre no está loco… no, simplemente lo suficientemente desesperado como para tener razón. Pinta el año 2025 como una broma cósmica, en la que Bitcoin, ese diablillo caprichoso, se negó a desempeñar los papeles que le habían asignado: ni oro digital ni ramera de acciones tecnológicas. “¡Como era de esperar!” Hayes ladra al éter, como si alguien esperara algo. El oro no surgió de los sueños febriles de los campesinos, sino de las manos frías y temblorosas de los soberanos que (¡con razón!) temen las garras heladas del Tesoro. “Si el presidente te roba”, se burla Hayes, “¿importa si tu oro es barato?” Un punto justo, si se ignora lo absolutamente absurdo de la premisa.
¿Y las acciones? ¡Ay, las acciones! Hayes, esa alma torturada, no ve mercados sino naciones en guerra, lanzando políticas industriales como zares borrachos en un banquete. La IA, ese ídolo brillante, es ahora un juguete “estratégico”, lo que explica (o no) por qué el Nasdaq desafió la liquidez en 2025. Pero aquí está el problema: Bitcoin, ese espectro voluble, necesita liquidez en dólares como un borracho necesita vodka, y Hayes, sudando durante su epifanía, jura que está por llegar. “¡La divergencia!” se lamenta, como si esto fuera una tragedia y no una hoja de cálculo.
El engaño de los tres pilares (¿o la salvación?)
Tres canales, dice, ¡tres! Como la Santísima Trinidad, si la Trinidad fuera cocinada por un pasante de la Reserva Federal después de tres cafés expresos. Primero: el balance, expandiéndose como la cintura de un burócrata a través de las “Compras de Gestión de Reservas” (un término tan aburrido que duele). Segundo: los bancos, esos temblorosos aduladores, que prestan cuando los gobiernos hacen un guiño y asienten. Tercero: vivienda, porque nada dice “repunte de la liquidez” como Fannie Mae comprando MBS con la bendición de Trump. Hayes vincula todo esto con la desesperación de un hombre que apuesta su último rublo: “Bitcoin… y la liquidez en dólares tocaron fondo juntos”. Como si la coincidencia implicara causalidad, o como si nos debiera importar.
La Trinidad del Degenerado
Y ahora, la pieza de resistencia, Hayes, autoproclamado “especulador degenerativo”, tiene hambre de “riesgo MOAR” como un jugador mirando la última botella de rotgut. MSTR! ¡Metaplaneta! (La respuesta de Japón a… algo). Y Zcash, esa reliquia sombría, que Hayes compra no a pesar de que sus desarrolladores huyeron, sino gracias a ella. “¡Manos débiles!” —grita, como si la fuerza se midiera por quién sostiene la bolsa por más tiempo. ¿Su tesis? Si Bitcoin recupera los 110.000 dólares (una cifra extraída del éter), estas apuestas apalancadas se dispararán como los sueños de un borracho. En el momento de esta publicación, MSTR cotizaba a 179,33 dólares, una cifra tan insignificante como el resto.

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2026-01-15 13:18