
En 2005, Fox estrenó Prison Break, un programa con una idea sorprendentemente convincente. Michael Scofield, un ingeniero experto, es encarcelado intencionalmente y se cubre el cuerpo con tatuajes que detallan un elaborado plan de escape. Su objetivo: liberar a su hermano, Lincoln Burrows, que fue condenado injustamente por un delito. La primera temporada atrajo un promedio de 9,2 millones de espectadores, y el programa rápidamente se hizo conocido como una de las primeras series que la gente no podía dejar de ver, incluso antes de que el término “mirar compulsivamente” fuera común. Era un programa que la gente se aseguraba de no perderse cada semana, en una época en la que la televisión programada regularmente todavía era muy popular.