
Bitcoin, ese venerable y querido viejo, ha reinado como el activo base más básico del mercado durante más de una década. Sin embargo, como una gran dama que ha pasado su mejor momento, sus defectos son tan evidentes como un corsé mal colocado. ¿Transacciones lentas? Cariño, son glaciales. ¿Tarifas durante las horas pico? Atraco en la carretera, querida. ¿Y los contratos inteligentes? Prácticamente inexistente, a menos que se considere “inteligente” un telegrama de 1903. ¿DeFi y aplicaciones masivas? Ella es tan adecuada para ellos como una duquesa para el trabajo manual. De ahí la repentina fascinación por capas y capas de soluciones, como un milhojas de innovación blockchain. 🍰