
El gráfico anual del Gato Cantonés, un laberinto de escalas logarítmicas, enmarca el año 2025 como una delicada tregua con la gravedad. La línea de Fibonacci de 0,786, aproximadamente 0,10879 dólares, se había convertido en una fortaleza, con sus muros reforzados por una vela interior que susurraba sobre una continuación alcista. “Ah”, reflexionó el analista, “el precio ha respetado la antigua geometría de la desesperación, ¡qué victoriano!”. El siguiente objetivo del gráfico, 0,73905 dólares, se alzaba como una aguja gótica, prometiendo catarsis si el bastión de 0,786 se mantenía. Casi se podría llamarlo poético, si no fuera por el palpable hedor a volatilidad.