
La historia, la compañera más confiable, ofrece un curioso paralelo. El 17 de septiembre y el 29 de octubre, Bitcoin bailó al ritmo de una melodía familiar: subiendo en los días previos a cada anuncio de recorte de tipos, como si estuviera influenciado por los susurros del optimismo y el aroma de la especulación. Sin embargo, como ocurre con todos los romances impulsados por rumores, las consecuencias resultaron menos encantadoras. Un breve repunte posterior al anuncio fue seguido rápidamente por una caída precipitada, un recordatorio de que incluso las noticias alcistas pueden alimentar una farsa de “comprar el rumor, vender la noticia” mientras los operadores, siempre pragmáticos, aseguran ganancias. Qué triste, por decir lo menos.