
Hasta ahora, la escena criptográfica estadounidense era una frontera salvaje: no regulada, impredecible, un Salvaje Oeste digital donde billones de dólares vagaban como espectros fantasmales, en gran medida fuera del alcance de la ley o el sentido común. Las plataformas a nivel estatal o la falta de regulación mantuvieron al capital institucional en pasillos oscuros, asustado y anhelando regulación como un convicto que anhela la libertad condicional. ¡Pero nada más! Ahora, la CFTC, esa venerable reliquia regulatoria, comenzará a incluir criptomonedas al contado, invitando tanto a los valientes como a los ingenuos a un santuario de orden superficial. La presidenta interina Caroline D. Pham, héroe o amenaza, lo llamó un “hito histórico”, como si construyera un puente decente hacia el futuro. ¿Y su cita? “Ahora, por primera vez, las criptomonedas al contado pueden negociarse en bolsas registradas en la CFTC que han sido el estándar de oro durante casi cien años”. ¡Ah, la ironía! Patrón oro, de hecho, si se ignora el hecho de que el oro, en verdad, es sólo una roca brillante enterrada en la tierra bajo nuestros pies.