
A pocos momentos de alcanzar su objetivo, Frodo se desplomó, incapaz de dar un paso más. Aunque Sam intentó levantar el ánimo de Frodo recordándole su hogar, Frodo no podía recordar ningún pensamiento feliz, sólo el inmenso peso del Anillo. Sabiendo que no podía compartir la carga, Sam se ofreció a llevar él mismo a Frodo. Con una oleada de determinación, cargó a Frodo sobre sus hombros y continuó el ascenso. El director Peter Jackson describió más tarde esta escena como el núcleo emocional de toda la trilogía, prediciendo que sería el momento que haría llorar al público. Muchos espectadores, tanto los que vieron El retorno del rey en los cines en 2003 como los que la descubrieron desde entonces, han confirmado esa predicción.