
Quedé absolutamente impresionado por el paisaje de esta película: fue filmada en el impresionante Monument Valley en Arizona, y cada fotograma está lleno de belleza natural y cruda. Lo que es aún más impresionante es que, a pesar de no disponer de un gran presupuesto, el director Mills y su director de fotografía, Maxime Alexandre, realmente maximizaron el potencial de las localizaciones. No tenían miedo de caminar hasta lugares a los que ningún coche podía llegar, y claramente requirió mucho esfuerzo: ¡dieciocho días de duro rodaje! Pero, sinceramente, valió la pena. El resultado final no es sólo hermoso; tiene esa sensación increíble y clásica del oeste, que me recuerda esas increíbles películas de principios de los años 60.