
Desde el principio, el director Araki establece un tono lúdico pero intrigante. La película presenta inmediatamente imágenes sorprendentes, que recuerdan al cine negro clásico e incluso a escenas bíblicas, con agua, sangre y desnudez, todos los cuales se convierten en símbolos importantes. Vemos a Elliot (Cooper Hoffman), con el rostro ensangrentado, sumergiéndose en una piscina para rescatar a su jefa, la reconocida artista Erika (Olivia Wilde). Mientras los detectives investigan, Elliot comienza a explicar cómo se involucró con Erika: comenzó como empleado en su galería y finalmente entró en una relación consensuada y apasionada que le abre los ojos a nuevas experiencias.